Prevenir y tratar la lesión isquiotibial

Miércoles 07 de Noviembre de 2018

La lesión isquiotibial es una lesión muy frecuente entre los deportistas de deportes de salto y carrera, “especialmente cuando los cambios de ritmo y de sentido forman parte habitual de los gestos técnicos”, indica Luis Til Pérez, traumatólogo y médico deportivo de la Sociedad Española de Traumatología del Deporte (Setrade).

Aquellos que practican fútbol, baloncesto y rugby, por ejemplo, tienen más riesgo de padecer esta lesión porque son deportes con predominio del tren inferior y en los que, además, se produce un sobreuso de una pierna por encima de la otra. Por el contrario, "es poco frecuente en los adolescentes y en los adultos jóvenes”, destaca Til Pérez.

La lesión isquiotibial suele aparecer en deportistas que utilizan sobre todo el tren inferior.

Esta lesión se produce normalmente por un exceso de tensión o estiramiento de uno de los músculos o del grupo muscular que forman el isquiotibial. Éste es el grupo muscular de la cara posterior superficial de la pierna, situado más o menos en la pantorrilla.

Todo esto forma un grupo muscular potente y vital para caminar, correr y saltar, además, mantiene el tono durante la bipedestación, para evitar la caída hacia delante del cuerpo.

Esta lesión también puede producirse por movimientos bruscos o mal controlados en extensión de cadera y flexión de rodilla, así como por golpes en la zona.

Los síntomas más habituales son dolor súbito intenso en forma de pinchazo durante un gesto deportivo o tras un salto al iniciar un cambio brusco de intensidad en la carrera. Aunque a veces la persona puede referir un chasquido o desgarro.

Este dolor puede llegar a ser incapacitante y, en determinados casos, “puede llegar a dificultar la deambulación normal o hacer imposible cualquier actividad como correr, saltar o subir y bajar escalones”.

En otras ocasiones, según el traumatólogo, el dolor se instaura de forma insidiosa, en forma de pequeños pinchazos no invalidantes, pero que se hacen más notables en sesiones sucesivas de entrenamiento.

¿Cómo se puede prevenir?

Como en todas las lesiones musculares, su prevención pasa por una buena condición física del deportista o de la persona en general, así que es importante:

  • Tener un correcto equilibrio muscular entre la musculatura agonista y antagonista (isquiotibial/cuádriceps).
  • Mantener un estilo de vida saludable, en los que se incluya una buena alimentación, hidratación y descanso.
  • Evitar la rigidez en la musculatura isquiotibial.
  • Evitar la falta de movilidad articular.
  • Además de estos consejos, la importancia de una adecuada progresión de las cargas de trabajo, lo que permitirá una adaptación correcta al entrenamiento. “En isquiotibiales debemos preocuparnos por intentar aumentar la flexibilidad, realizar ejercicios de fuerza, comenzando por isométricos y acabando con peso muerto progresivamente", señala Nicolás Ibarra, fisioterapeuta y presidente de la Comisión de Fisioterapia en la Actividad Física y Deporte del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid.

    Para finalizar, se aconseja el entrenamiento cardiovascular general y una correcta nutrición e hidratación. Todo esto “ayudarán a retrasar la aparición de la fatiga, que es un factor precipitante de la lesión muscular”, explica Til Pérez. Y es que, tal y como apunta, “hacer ejercicio en situación de fatiga nos vuelve muy propensos a sufrir estas lesiones”.

    Otro consejo es el uso de prendas de compresión. Éstas han demostrado ser útiles para evitar las lesiones en esta zona, especialmente en los deportistas con antecedentes ya que evita las recaídas.

    Por el contrario, el uso de taloneras alzas es controvertido ya que, aunque disminuye el riesgo de forma aguda, su utilización crónica acorta el grupo muscular y el tendón, volviéndolo más susceptible de lesionarse en un futuro.

    ¿Qué ejercicios se pueden recomendar?

    Existen ejercicios concretos que pueden ayudar a preparar la zona para evitar lesiones. Los más recomendables, antes de empezar la actividad deportiva, serían la realización de ejercicios de activación en los que esté implicada esta musculatura.

    Un buen trabajo con gomas elásticas, además de ejercicios concéntricos y escéntricos con nuestro propio peso corporal "sería ideal”.

    También la realización de ejercicios con un foam roller (rodillo) sobre la zona o sobre toda la cadena posterior con el fin de relajar y liberar la musculatura completa.

    Tratamiento

    Una vez se ha confirmado la lesión mediante ecografía o resonancia magnética, según el traumatólogo de Setrade, se aconsejarán los siguientes pasos de tratamiento:

  • En una primera fase (de 4 a 7 días), se deberá instaurar el reposo, la compresión con media elástica, el masaje con hielo y la elevación de la extremidad. Durante este periodo puede ser necesario ayudarse del uso de dos muletas durante la deambulación, aunque la descarga absoluta de la extremidad sólo está indicada si el apoyo de la misma es muy doloroso. El uso de analgésicos (paracetamol) puede ser útil.
  • Superada la primera fase y siempre sin dolor, puede se comenzar a reacondicionar la zona con contracciones isométricas y con trabajo cardiovascular en piscina o mediante bicicleta estática.
  • En la tercera fase (4 semanas después de la lesión), puede comenzarse el reacondicionamiento específico, los estiramientos suaves y, en caso de los corredores, reintroducir la carrera.
  • Finalmente, con la progresión de cargas se llegará al entrenamiento específico y la reintroducción deportiva.
  • En los casos más graves, podrá ser necesario el tratamiento quirúrgico. Asímismo es útil monitorizar la lesión mediante ecografía cada 15 días, para descartar la aparición de colecciones liquidas fasciales persistentes o de trombosis venosa profunda.

    Es aconsejable en la medida de lo posible, un buen entrenamiento de fisioterapia. Ésta consistirá en la activación muscular con ejercicios isométricos sin dolor, trabajos de estabilización y movilización de la cintura lumbopélvica y terapias físicas (electroterapia, masoterapia o crioterapia), todo ello dirigido a que disminuya el dolor, el dema y la inflamación.

    ¿Y si no se trata?

    Su no tratamiento puede producir una lesión crónica, Lo peor para una persona a la que le guste hacer deporte es una lesión crónica ya que ésta impide realizar la actividad al cien por cien, y cargar con una lesión durante un periodo largo hace que cesen las ganas de practicar esta actividad.

    Miguel García

    Fisioterapeuta